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martes, 5 de mayo de 2009

Pedro de la Cerda / Eugenia Lefevre: Ante la policía y sus esbirros (*)


Nos ha dejado don Francisco Correal, un vecino de Las Navas del Marqués, un libro que escribiera, antaño, allá por finales de los años 20 del siglo pasado, Pedro de la Cerda y su esposa Eugenia Lefevre. Pedro de la Cerda -nos informa D. Paco- fue un militar al que, él, compró una finca que hoy se llama La Cerda. Militar que participó en la represión del levantamiento minero de Asturias, durante la II República de España. En las 'Memorias de Azaña' -nos asegura nuestro amigo señalando página y todo- aparece este militar diciendo que el gobierno de esta república estaba lleno de zascandiles. Opinión que llegó a Azaña y que lo destituyó. O algo así. Y, asegura, después no se volvió a saber ni a oír nada de él. En la conversación nos informa, además, que Pedro de la Cerda, el general Alejandro Mas y el pintor Aniceto Marinas se reunían a charlar aquí en Las Navas. Para mayor información asegura que en algunos libros se dice de él, del militar De la Cerda, que daba paseos en 'bolas' por entre los pinos.
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Comenzamos a leer el libro y nos sorprende escribiendo opiniones muy duras sobre la España de su tiempo, del tiempo en el se escribe el libro; es decir: la dictadura del general Primo de Rivera. Manifestamos nuestra sorpresa al que nos ha dejado el libro; quien -tenemos que proclamarlo- es muy amante de las cosas de su pueblo y las conoce al dedillo; y el libro también. Nos dice, sin dudarlo, que es normal, porque Pedro de la Cerda era republicano y estaba siendo maltratado por la dictadura de aquel entonces: la llamada dictablanda. Por eso se fue de España realizando un viaje por el mundo. El libro es el resultado de ese garbeo turístico por el orbe. Se titula 'Viaje universal en busca de la verdad'. Y comienza, según parece, por estos lares.
Así lo describen el militar y su esposa:

"Todo llega en la vida: el 27 de julio de 1928, solitos y sin que nadie se apercibiese, partimos de nuestra casita 'Los Golos', situada en la Sierra de Malagón, a 1.400 metros de altitud, centrada en inmenso y delicioso pinar. Por la tarde, en la capital, recogemos nuestros bagajes, y el 28, temprano, en el rápido, camino de París.
A las once el tren atraviesa el pinar; a lo lejos nuestra casita blanca, solitaria, testigo de nuestras dichas; allí quedan 'Soberbia' y 'Choli', que durante doce años nunca nos abandonaron en penosos viajes, nuestros inolvidables y mejores amigos, los únicos que jamás nos mordieron; espérannos (sic), con gran pena nos atormenta vuestra ausencia. Nos abrazamos; el mismo pensamiento nos asalta. ¿Volveríamos? Siempre unidos y felices en la zozobra y pesares, después de tanta aventura, riesgos y peligros únicos, que animosos y convencidos afrontamos en nuesto viaje. Solos, sin apoyos en el mundo, mas con la fuerza ideal que da nuestra solidaridad, sin abandonos, frente a frente de lo desconocido e inevitable.



Por la noche abandonamos nuestro territorio; después de sufrir todas las vejaciones imaginables ante la policía y sus esbirros, también avergonzados, presentes sus desafueros y obligados por el régimen. Pasamos y seguimos, entrando en Francia sin molestia alguna, el 29 de madrugada en París.



¡¡París, París!! (sic), la antorcha siempre encendida, que jamás toleró apagar un pueblo viril pleno de razón y libertad. Respiramos, nos sentimos superiores; parece que ya no somos bestias, nos elevamos a seres que pueden pensar, sentir y querer libremente. ¡¡París!! (sic), que recoge y ampara todos los anhelos humanos con sus grandezas y liviandades; en donde viven su vida: el sabio, superándose y acercándose hasta la posible sabiduría; el artista, con sus creaciones, elevándose hasta el genio; el vicio y la corrupción, hundiéndose en fétidos y profundos fangos."
*
Eugenia Lefevre y Pedro de la Cerda

('Viaje universal en busca de la verdad'; editorial C.I.A.P. -Compañía Ibero-Americana de Publicaciones; Madrid-Barcelona-Buenos Aires, 1930, página 12; Compañía General de Artes Gráficas, Madrid)
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(*) Título nuestro

martes, 27 de marzo de 2007

A. Escudero Ríos: 'Recuerdos de Tanger'

RECUERDOS DE TÁNGER
(Para Angel López Pino, D. Andrés García Cortés y Felipe López del Corral in memorian)
Por Antonio Escudero Ríos


Estaba yo una tarde en la Sala Cervantes de la Biblioteca Nacional de Madrid investigando sobre asuntos judíos. Karinna Mennani, una hermosa magrebí de negros cabellos, con la mejor de las sonrisas, me sugirió que escribiese sobre Tanger donde ella había pasado los mejores momentos de su vida y a donde yo había asistido días antes a la boda de mi compañero Tomás Picón con Rajae Boumediane, oriunda de la ciudad.

Tingis, Tingi, Tanjah, Tinge o Tinga, Tánger ¡Qué bellos nombres! Tánger, Tinga... repito estas palabras con cadenciosa armonía y una serie de experiencias, vividas unas, literarias otras... Jean Genet, Samuel Beckett, James Bowles, Truman Capote, Gertrude Stein, Tennessee Williams... se agolpan atropellada y tumultuosamente.

¡Ah, el alba del mar iluminada por la luna! ¡Esos atardeceres con olor a resina de los esbeltos cipreses en un océano de aguas plateadas! ¡Y qué decir del agradable aroma balsámico de los majestuosos cedros que pueblan 'Monte Viejo'!... Esa hermosa visión de un estrecho donde bulliciosas corrientes se confunden y abrazan y donde los barcos, en vómito suave, dejan escapar sus humos en el horizonte azul.

¡Qué tienes Tánger que tu nombre invoca ya el placer de recordarte y de amarte, mostrando cómo se nos puede mostrar a los mortales eso que se llama alegría, vencedora efímera del tiempo!

De las historias, saberes y sabores de la ciudad nos da sobradamente cuenta, el excelente libro que nos escribió Eduardo Jordá (Tánger. Editorial Destino), que por largo tiempo anduvo sabiamente vagando por los pagos de Tánger y hasta bebiendo de sus lenguas, hechas cantos.

Festejando el enlace matrimonial de Rajae, su nutrida y afectuosa familia -entre el yuyú ululante de los días de fiesta que brota de la garganta de un grupo de mujeres- sacrificó un toro, y este hecho hizo que viniese a mi memoria el hermoso poema de Paz Díez-Taboada, publicado el pasado año en la revista Caminar Conociendo, sobre el astado de la leyenda de Hervás:

Junto a la fuente, madre,

el toro rompe el hilo

qeu entre las piedras mana.

El toro, madre,

corona su testuz

con flores de la jara.

En la dehesa, madre,

que el furor de sus pasos

tozudo castigaba.

El toro, madre,

embridado su ímpetu

por la sierpe de plata.

Era en la sombra, madre,

un monte sin perfiles

el toro y su destino.

El toro, madre,

junto al recuerdo oculto

de aquel viejo rabino.

Recuerdos... Recuerdos que nos vienen ahora de mi paisano Tiburcio. Convencido este hombre de su carácter divino -actitud a la que somos muy propensos los extremeños- profirió aquellas palabras que rezuman profunda misantropía: 'de qué alturas, de qué gloria he sido arrojado sobre esta mísera gleba para convivir con bípedos acéfalos'.

Y se ha fraguado la fábula de haberse arrojado a las aguas revoltosas del estrecho, apareciendo más tarde los calzoncillos prendidos de una roca marina próxima a las Cuevas de Hércules. Aunque evidentemente los dioses no deben usar calzoncillos, indumento éste, en cambio, si portado, supongo, por Paul Bowles, -esposo de Jane, divino Jupiter de Tánger-, cuando una hermosa primavera norafricana recorrió a pie en compañía de Ginsberg y Burroughs estos parajes de ensueño.

Vuelvo a la isla, a esta isla, rodeada de un piélago de leyendas y sueños que es la Biblioteca Nacional. Frente a mi, hermosamente encuardernada de atavío azul celeste, 'Ángel Terrible de la Belleza', Mariam El Harrak, la Dama de Lixus cuya sonrisa de esfinge luminosa me recuerda la de una doncella hebrea vislumbrada en esta biblioteca de agua, olores y piedra que es Tánger, la ciudad que, como diría Esquilo, lleva consigo 'el infinito sonreir de las ondas del mar'.

Tánger, venero de poesía y vida. Singladura de un viaje hacia el cual conduce la Biblioteca Nacional. Tánger nos acogerá, ahora y siempre, con el corazón y las manos calientes. Shalom.

*

EN LA PÁGINA XII DE 'FONTANA SONORA', SUPLEMENTO DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO' NÚMERO 7 DE JULIO DE 1998