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Curioso, me interrogas, ávido de saber y mostrando un gran desparpajo,
cuál es la valoración que hago de esos dibujos diseminados por doquier,
llenando ojos, corazones, sentimientos, cerebros de ingénua humanidad.
Si yo te quisiera decir, con detalles, lo que puede haber en eso de verdad,
alongada, larguísima, exhaustiva, e interminable, esa explicación sería.
Lo diré en dos palabras: en espacio del mar inmenso son simples pompas,
donde brotaron un instante, y, de pronto, como llegaron se extinguieron.
Por lo que me aprovecharé del instante fugaz que vivo para hacerme libre.
-
(*) Versión sacrílega de una rubayata de Omar Khayyam
A la revista 'Caminar Conociendo', nº 7, se le han ido agregando escritos. Si desea ojear el número de ella retroceda hasta encontrar el índice, el staf o los titulares de la misma.
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jueves, 27 de mayo de 2010
lunes, 24 de mayo de 2010
Omar Khayyam: ¿Asa o Brazo? (*)
.
Arrebatado, encendido de amor, fascinado por el cuello de mi bien amada,
he imaginado metáforas poéticas y me he sentido igual a ese cántaro de vino.
El asa que ahí está, ¿la ves?, presa al cuello, la veo como un brazo cariñoso
que envolvía con sumo cuidado la amorosa cintura de aquella mujer amada.
(*) Una adaptación libre
Arrebatado, encendido de amor, fascinado por el cuello de mi bien amada,
he imaginado metáforas poéticas y me he sentido igual a ese cántaro de vino.
El asa que ahí está, ¿la ves?, presa al cuello, la veo como un brazo cariñoso
que envolvía con sumo cuidado la amorosa cintura de aquella mujer amada.
(*) Una adaptación libre
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jueves, 20 de mayo de 2010
Omar Khayyam: El ataud lleno de vino (*)
.
¡Ahogadme en vino, hermanos, camaradas y compañeros!
Mi pálido rostro ambarino, cadavérico, hacedlo color del rubí.
Y, a fin de que, al morir, mi cuerpo sea ungido, bautizado,
¡sumergidlo enseguida en el líquido sin parangón de la vid!
Luego, impregnado así de vino mi ataúd, como mi bodega,
decoradlo, pintadlo, allí, en los umbrales de la taberna,
con muy festivas ramas de la vid más bella y más lozana,
para que sepáis que la vida continúa aun para vosotros.
__________
(*) Versión libre. Título nuestro
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¡Ahogadme en vino, hermanos, camaradas y compañeros!
Mi pálido rostro ambarino, cadavérico, hacedlo color del rubí.
Y, a fin de que, al morir, mi cuerpo sea ungido, bautizado,
¡sumergidlo enseguida en el líquido sin parangón de la vid!
Luego, impregnado así de vino mi ataúd, como mi bodega,
decoradlo, pintadlo, allí, en los umbrales de la taberna,
con muy festivas ramas de la vid más bella y más lozana,
para que sepáis que la vida continúa aun para vosotros.
__________
(*) Versión libre. Título nuestro
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martes, 4 de mayo de 2010
Omar Khayyam: La Rosa y Nosotros (*) (1)
.
El Viento Sur marchitó la rosa
a la que el ruiseñor cantaba sus elogios.
¿Debemos lamentarnos por su muerte
o por nuestra supervivencia?
Cuando la Muerte arrugue nuestra cara,
otras rosas lucirán sus pétalos.
(*) Título puesto por nosotros
(1) Versión libérrima
El Viento Sur marchitó la rosa
a la que el ruiseñor cantaba sus elogios.
¿Debemos lamentarnos por su muerte
o por nuestra supervivencia?
Cuando la Muerte arrugue nuestra cara,
otras rosas lucirán sus pétalos.
(*) Título puesto por nosotros
(1) Versión libérrima
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miércoles, 11 de abril de 2007
Juan González Soto: 'Entre dos soledades'
Entre dos soledades
de Juan González Soto

Entre dos soledades,
la de la vida,
la de la muerte.
La luz nace dentro,
titila en su inquietud,
se mece en el vaivén de nuestros pasos.
El camino,
¿hacia qué huida se alarga?
¿desde dónde se acerca a mí su recorrido,
su hilván?
Vivir ilumina mi camino,
me adentra en la sombra que em crece dentro,
me lleva a esa otra soledad con que nací.
El camino, su luz, yo lo poseo,
en mi dominio está.
Lo que yo busco,
lo llevo dentro.
El camino, su fin, no me sorprende,
también lo tengo.
Nací con él,
me crece dentro.
Entre dos soledades,
la de la vida,
la de la muerte.Y yo,
en medio.
Juan González Soto
LEIDO EN LA PÁGINA 13 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO' NÚMERO 7 DE JULIO DE 1998
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lunes, 26 de marzo de 2007
PAZ DÍEZ-TABOADA: 'Garpar de la Nuit'

Paz Díez-Taboada: ‘Gaspar de la Nuit’
En el prólogo de Petits poémas en prose, confiesa Baudelaire que fue hojeando por vigésima vez Gaspard de la Nuit cuando se le ocurrió escribir algo semejante, pero centrándose en las escenas de la vida moderna y no en la nostalgia del ayer, como había hecho Aloysius Bertrand, al que llama fameux, aunque ya era rara avis para quienes como
Houssaye, él mismo y algunos amigos comunes, no fueran unos intelectuales rebeldes y exquisitos.
Aunque de padres franceses, Louis-Jacques Napoleón Bertrand, -que romanizó su nombre en Aloysius-, nació en Ceva (Piamonte) en 20 de abril de 1807 (un año antes que Espronceda, dos antes que Larra). Afincados sus padres en Dijon, capital de Borgoña y de la buena mostaza, allí vivió Bertrand su infancia, y en el periódico local, El Provincial, publicó sus primeros poemas. Pero, como tantos otros, a los 21 años marchó a París en busca de la gloria literaria, dama veleidosa cuyo rostro nunca habría de conocer. Frecuentó el sancta sanctorum del Romanticismo francés, Le Cenacle, en donde fue aceptada su poesía ingeniosa e intrascendente. Pero, cuando Bertrand fue madurando e, influido por Chateaubriand, Nodier, Hugo y otros, creó su innovadora poesía en prosa, entre costumbrista y fantástica, de gracia y sonoridad en tono menor –sin las habituales altisonancias-, se dio de bruces con la incomprensión y el desdén. Aunque colaboró con la prensa parisina, compuso ‘vaudevilles’ y Daniel, ‘drame-ballade’ que se estrenó sin pena ni gloria, Bertrand fue descendiendo hacia la miseria, de un escalón en otro, mal defendiéndose con trabajos duros y precarios, hasta que fue alcanzado por la enfermedad romántica por excelencia, la tuberculosis, que dio con su pobre cuerpo en el hospital de La Pitié y, luego, en el de Necker, en donde fue sometido a los crueles experimentos que la ciencia médica de la época aplicaba a los que no podían pagarlos, para probar así si servirían para salvar la vida de los que si pudieran. Y allí murió el 29 de abril de 1841. Con incansable tesón, Bertrand reescribía y limaba su librito una y otra vez –aún en Necker, cuando ya estaba gravemente enfermo-, convencido de que en él y con él se iniciaba una nueva prosa, un nuevo género literario; y, en efecto, está considerado como la primera manifestación de poesía en prosa de la literatura moderna. Esta voluntariosa actitud de fe en si mismo, que saltó sobre el desdén y la incomprensión de los prebostes literarios y que, incluso, fue más allá de la desgracia personal, es lo que sorprende hoy día, cuando se nos dicta que el índice de ventas, consiguientes ganancias y juicios de pontífices mediáticos son los tres puntos que determinan el plano del valor literario. Y ya lo dijo Antonio Machado: ‘Todo necio confunde valor y precio’.
En David D’Angers encontró Aloysius apoyo y comprensión en las seis últimas semanas de vida, durante las que, día tras día, el afamado escultor fue a visitarlo. David fue, pues, el depositario de Gaspard de la Nuit y quien lo remitió a Sainte-Beuve, el gran crítico literario de la época, con una carta en la que narra por menudo la muerte y el entierro del poeta. Según cuenta, mandó amortajar dignamente en cuerpo de Bertrand y le pagó un ataúd –en vez de la arpillera, en vueltos en la cual se enterraban a los que no podían pagar nada mejor-, le llevó a la desdichada madre la medalla que colgaba del cuello de Aloysius y un mechón de su cabello; en solitario asistió al funeral y lo acompañó en una mañana sombría de lluvia torrencial hasta su última morada en el cementerio de Vaugirard, donde mandó poner cruz e inscripción sobre la tumba del desdichado. Por su parte, Sainte-Beuve, que había conocido a Bertrand en Le Cenacle, leído alguno de sus poemas y apreciado su talento, respondió a los deseos del poeta y a la llamada de David, revisando el emborronado manuscrito y prologando la edición póstuma.
Gaspar de la Nuit comienzo con la narración del encuentro de Bertrand, una tarde, en un parque de Dijon, con un ‘pobre diablo, cuya apariencia exterior reflejaba miserias y sufrimientos', y que le entrega un manuscrito: Las Fantasías de Gaspar de la Nuit.
Dicho nombre firma el prefacio al que sigue un poema dedicatoria, ‘A Víctor Hugo’, fechado en París, el 30 de septiembre de 1836. Tras estos prolegómenos, se encuentran 52 poemas en prosa, agrupados en seis libros y, cada uno de ellos, precedido de una cita, por lo menos, de diversos autores –sobre todo de Hugo-, viejas crónicas, canciones populares, a refranes: moda paraliteraria típicamente romántica y que aún permanece vigente entre nosotros.
Como indica su nombre, Gaspar de la Nuit es un característico poema romántico: un canto secuenciado que se despliega hacia los cuatro puntos cardinales del Romanticismo: la evocación del ayer perdido, la soledad del yo frente al mundo, la noche y sus visiones, y la muerte. Los dos primeros libros, ‘Escuela Flamenca’ y ‘El París Antiguo’, presentan estampas o breves escenas de los viejos tiempos –algunas dialogadas y/o burlescas, como la simpática ‘La Serenata’, protagonizada por Madame Laure, su amante y su marido-, en las que se apunta una acción que no llega a desarrollarse narrativamente, que se queda en anécdota costumbrista o en fragmento de una historia fantástica y que, con frecuencia, provoca la evocación lírica y cobra especial valor simbólico. Son escenas a lo Brueghel, Teniers o Rembrand, animadas por una rica panoplia de personajes de muy variada condición y oficio; algunos con nombre propio –Micer Juan el senescal, Micer Hugues el preboste, la ‘buena señora y el noble señor de Chateauvieux’, la casquivana Madame Laure, Micer Blasius, el usurero o la bruja Maribas- y la mayoría, anónimos enamorados, caballeros, frailes, soldados de la ronda y mercenarios, bebedores, judíos, brujos, mendigos…; un teólogo, un capellán, un maestro de capilla, un bibliófilo, un alquimista, una gitana, un fanfarrón hambriento, -que tanto recuerda al escudero de nuestro Lazarillo de Tormes-; el rey y la reina, el colegial de Leyden, el cocinero, el tabernero, la criada de la hostería, el albañil, el vendedor de tulipanes, etc. También los libros IV y V, ‘Las Crónicas’ y ‘España e Italia’ están constituidos por escenas de la historia francesa o anécdotas ambientadas en dichos países y bastante tópicas, como lo anuncia la primera cita: ‘España, clásico país de embrollos, de navajazos, de serenatas y de autos de fe’.
En cambio, los libros III y VI, ‘La noche y sus encantos’ y ‘Silvas’ –de las que la última es el envío ‘Al señor Sainte-Beuve’- son declaradamente líricos: fantasías oníricas, surgidas del mundo del subconsciente, con imágenes que anuncian las de Baudelaire, Rimbaud o los poetas superrealistas –como lo reconoció en propio André Bretón; pero cuyo ambiente, entre lo legendario y lo intimista, parecen haber resonado también en los oídos de Bécquer. Y, de entre estas fantasías, son particularmente inquietantes aquellas en las que aparece el siniestro Scarbo, ‘el gnomo dueño de profusos tesoros’, que se complace en atormentar los sueños de desdoblado yo de Aloysius Bertrnad.
Paz Díez- Taboada, colaboradora habitual de la revista 'Caminar Conociendo', es profesora de literatura en la Universidad de San Carlos de Madrid. Como poetisa tiene publicados ya varios libros y cuenta con algunos premios.
ESTE ESCRITO DE PAZ DÍEZ-TABOADA PUEDE LEERSE EN LAS PÁGINAS XIV y XV DE ‘FONTANA SONORA’, SUPLEMENTO DE LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO’ NÚMERO 7 DE JULIO DE 1998
miércoles, 28 de febrero de 2007
Juan Carlos Elijas (*) entrevista a Jon Juaristi

Entrevista a Jon Juaristi, autor de ‘El Bucle Melancólico’, por Juan Carlos Elijas (*)
Nacido en Bilbao en 1951. Antiguo militante de ETA en la época franquista. Asiduo colaborador de El País (cuando se hizo la entrevista). Profesor de Lingüística en la Universidad del País Vasco. Escritor polémico donde los haya. Su último libro contra el nacionalismo radical, 'El bucle melancólico’, ha suscitado ríos de tinta donde unos, obviamente, han estado a favor y otros en contra, y ha figurado y figura en los primeros puestos de venta. Pero no solo el ensayo ha tocado su pluma, además, Jon Juaristi, es un excelente poeta. Miguel de Unamuno, Blas de Otero y Gabriel Aresti forman un trío con el que se entronca. Diario de un poeta recién cansado fue un chorro de aire fresca. Luego, tras varios libros de poemas, la publicación de Mediodía (Granada, 1994) representó un hito en su quehacer poético.
Juan Carlos Elijas: ¿Qué diferencia existe entre tenerse o ser tendido por poeta? ¿Quién/es debe/n autorizar?
Jon Juaristi: Sería muy difícil de concretar. Es una distinción que puede sostenerse desde la intuición del lector. Uno lee determinados autores y saben que son poetas y otros que están haciendo por ser poetas pero que no llegarán a serlo en la vida. La distinción se difumina dentro de lo que es mundo literario, de la difusión, de la lectura.
J. C. E.: La eficacia psicológica de un texto no depende las ideas de su autor en torno a la poesía, ¿de qué, pues, depende?
J. J.: La eficacia psicológica está relacionada con el efecto retórico de la realidad. La realidad siempre es una construcción en un poema. Julio Caro Baroja consigue dar una clave que al cualquier escritor realista –no sólo poetas- debería servirle como tema de reflexión importante: la palabra es una sombra equívoca de una realidad. La eficacia psicológica del XIX se puede ver más en la novela que en al poesía: Flaubert, Balzac, Pérez Galdós (que no es que fuera un gran maestro en el uso del idioma; sin embargo tenía una eficacia psicológica) A mi, en concreto, me ha venido mucho mejor la lectura de los novelistas franceses realistas para la construcción de una poética realista en poesía que de la lectura de poetas.
J. C. E.: Habla del acto poético como ‘verificación melancólica de la caducidad de las cosas’, ¿por qué la composición es tarea dolorosa? ¿es la melancolía el dolor de los tristes como manifiesta Andrés Trapiello?
J. J.: La melancolía es más complicada. Es la negativa a resignarse a una pérdida. La verificación de esas pérdidas es siempre una verificación melancólica porque uno no se resigna a perder las cosas que ha querido, con las que se ha identificado. Desde ese punto de vista, la escritura de un poema, en la medida que el poema trata de recuperar ese objeto perdido, es una tarea melancólica y, por tanto, dolorosa. El dolor de los tristes como dice Trapiello.
J. C. E.: Propone la creación de un personaje de ficción que diga sus poemas, una suerte de ente lírico. ¿Qué condiciones debe reunir? ¿Qué hay de ese juego pactado entre autor y lectores?
J. J.: Dentro del tipo de poesía que yo intento hacer (una poesía de la experiencia, una poesía realista o como se le quiera llamar en principio), el pacto se produce en torno al concepto de realidad como efecto del sentido del poema. Pero no como algo exterior al poema, sino como el efecto psicológico. El pacto es un pacto acerca de una realidad ficticia. Proust, pienso, es un autor fundamental en este sentido.
J. C. E.: Jon Juaristi es un avezado escultor de la ironía. ¿Cómo se trabajan los sentimientos, las emociones, en una época en que la tragedia sigue imperando sobre la comedia?
J. J.: El deber del escritor de poesía es suscitar emociones. Es su deber con el lector. Forma parte del juego pactado. Pero al mismo tiempo hay que impedir que el lector acabe por confundir esas emociones literarias con las emociones auténticas, con las emociones de la vida. Hay que impedir que se confunda la literatura con al vida, porque esa es la base de todo el engaño, y después, por supuesto, la base de todas las manipulaciones ideológicas de la poesía o de la literatura en general. La ironía es, fundamentalmente, el procedimiento para devolver esas emociones suscitadas por el poema su condición exclusivamente literaria. Es la forma de crear una distancia entre el lector –como sujeto paciente emocional- y el poema, como pretexto de la emoción.
J. C. E.: Usa con buen gusto recursos fonéticos trazados por la ironía (Diario de un poeta recién cansado), two boxes of winston (Churchill) tomarlo todo con las karma, ¿por qué la quieres tango?)
J. J.: Los juegos fonéticos tienen que ver con Blas de Otero y yo diría más, también de Unamuno. Y eso si que puede ser una característica de cierta poesía escrita en castellano por vascos. El problema de la identidad lingüística de los vascos es un problema que no se resolverá jamás. O yo, al menos, no espero resolverlo. Yo soy un vasco absolutamente traumatizado: nací en Bilbao, mi lengua vernácula ha sido el castellano. Sin embargo la presencia cercana del vasco –hay que tener presente que Bilbao está metido en pleno país vascuence, como decía Unamuno- crea una serie de contrastes, una serie de contradicciones en la conciencia lingüística que tienen su importancia.
En Bilbao no ha habido una poesía dialectal. Unamuno se dedicó a recoger vocablos raros en el campo leonés. Extremeño, salmantino y a trufar de esos vocablos campesinos sus poemas. De alguna forma comenzó a introducir un recurso en la poesía española que es exclusivamente vasco. Otero tiene la virtud de convertir este tipo de aliteraciones en algo artístico: ‘árboles abolidos volveréis a brillar al sol, olmos sonoros’. Me siento mucho más cercano a Otero y Unamuno porque me he visto enfrentado a sus mismos problemas lingüísticos.
J. C. E.: ¿Cómo llega a establecer sus directrices desde los primeros momentos?
J. J.: Cuando empecé a escribir poesía partí de unas posiciones puramente pragmáticas: no me voy a ganar la vida con la poesía.
A mí en aquellos momentos me divertía hacerla. Eso si, cada vez menos, después se ha ido perfilando muchísimo más, es una poesía más acabada. Yo empecé a escribir poesía de una forma muy irresponsable, como se empieza a escribir poesía. Lo que escribo es una ficción, una mentira artística. A partir del psicoanálisis hay unas ideas que me han servido de mucho: lo que el psicoanálisis recompone en el diván no es una experiencia biográfica literal, lo que hace es una novela propia en la que se reconoce, reconoce una verdad. El poema debe llevar implícito su propio comentario, su propia glosa crítica. Tiene que desmontar ese efecto creado. Todo poema con su autodestrucción programada.
Jon Juaristi
Bibliografía lírica:
Poemarios:
*Diario de un poeta recién cansado, Pamplona, 1986
*Suma de varia intención, Pamplona, 1987
*Arte de marear, Madrid, 1988
*Los paisajes domésticos, Sevilla, 1992
Antologías:
+La sal de la copla, Trieste, 1990
+El pozo de la memoria, México, 1991
+Mediodía, Granada, 1994
Textos: Juan Carlos Elijas
Juan Carlos Elijas es un poeta tarraconense del grupo ‘Mediona 15’
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lunes, 12 de febrero de 2007
Enrique Baltanés: RESEÑA el LIBRO 'Causas y efectos'

RESEÑA DE LIBROS: ‘Causas y efectos’
Autor: José Luís Morante
Edición: Ayuntamiento de Sevilla (Sevilla)
Colección: Compás
Año: 1997
Por Enrique Baltanés
Causas y efectos, sintagma binario, es un título para una obra que también se articula en dos partes: ‘Camino de Megara’ y ‘Mar de Agosto’. La primera de ellas constituye un recorrido por eso que se llama, a partir de Flaubert, la educación sentimental. Son los años de colegio, los años de adolescencia, aquí evocados en trazos tan realistas como irónicos. Se trata de un ajuste de cuentas, desde la perspectiva desengañada y escéptica del adulto. Aquel mundo de certezas incontrovertibles, de dogmas y doctrina segura, que el autor parece simbolizar y resumir en el laboratorio del colegio:
Autor: José Luís Morante
Edición: Ayuntamiento de Sevilla (Sevilla)
Colección: Compás
Año: 1997
Por Enrique Baltanés
José Luís Morante (El Bohodón) Ávila, 1956 es, hasta la fecha, autor de 4 poemario, Rotonda con estatuas (1990), Enemigo leal (1992), Población activa (1994) y este del Ayuntamiento de Sevilla y que hoy motiva nuestro comentario. Todos estos libros han sido objeto de antología y estudio en la publicación ‘Apuntes de supervivencia. La poesía de José Luís Morante’ (Béjar, Los Cuadernos del Sornabique, 1997), a cargo del profesor Antonio Gutiérrez Turrión.
Causas y efectos, sintagma binario, es un título para una obra que también se articula en dos partes: ‘Camino de Megara’ y ‘Mar de Agosto’. La primera de ellas constituye un recorrido por eso que se llama, a partir de Flaubert, la educación sentimental. Son los años de colegio, los años de adolescencia, aquí evocados en trazos tan realistas como irónicos. Se trata de un ajuste de cuentas, desde la perspectiva desengañada y escéptica del adulto. Aquel mundo de certezas incontrovertibles, de dogmas y doctrina segura, que el autor parece simbolizar y resumir en el laboratorio del colegio:
Sus limpios ventanales difundían
Una cálida luz de primavera
Y el aire puro de la exactitud…
Allí estaba la puerta del futuro,
El umbral hacia un mundo edificante;
Cualquier incertidumbre parecía
Tener respuesta franca en las probetas.
Que se cuartea y resquebraja con el soplo imprevisible de la vida y de sus más inquietantes elementos: el sexo, la rebeldía juvenil, la infinita gama de matices que unen el fracaso y la victoria. El mundo no está bien hecho y el pecado se vuelve inevitable:
Aquella desazón desarbolada
La discordante, frágil, voluntad.
Opté por claudicar y aventurarme
A convivir con él, como se vive
Con un huésped incómodo
Que se hace imprescindible con los años.
En ‘Mar de Agosto’ pasamos de la mirada retrospectiva a la contemplación del presente, efecto tal vez de aquellas causas. El sueño del cine, el insomnio de las noches, el sexo comercial y sin misterio, las mujeres reales o literarias, el envés de aquel derecho juvenil a los sueños y a lo imposible, son algunos de los temas de esta segunda parte del libro. El verso último del poema ‘Auto-stop’ cifra mejor que ninguno su compleja maquinaria: ‘La realidad a veces decepciona’.
Lúcido y coherente, narrativo pero sin quedarse en la anécdota, cuajado de hallazgos expresivos (‘arrojo al cenicero mi pasado’) que no empañan algunos descuidos (‘el pálido marfil que coronan su seno’, pag. 18, acaso no sea la manera más exacta de describir un pezón) e incluso algún poema prescindible (‘Olga y Natalia’), Causas y efectos confirma la madurez de la obra de José Luís Morante, la coherencia de una voz muy a tener en cuenta por los pocos pero buenos lectores de poesía que aún queden por estos lares de nuestros penares.
Enrique Baltanés (Sevilla)
LEIDO EN LA PÁGINA 50 DEL Nº 7 DE LA REVISTA 'Caminar Conociendo' DE JULIO DE 1998
viernes, 19 de enero de 2007
Juan González Soto: MANUEL SCORZA EN LA MEMORIA DE LOS OLVIDOS

MANUEL SCORZA EN LA MEMORIA DE LOS OLVIDOS
UNO DE LOS CAPITULOS MÁS CRISTALINOS DE ESA MEMORIA DE OLVIDOS DEEBRÍA ESTAR ACAUDILLADA POR UNA DE LAS MÁS DESMEMORIADAS OMISIONES: LA DE UNO DE LOS GRANDES BARDOS Y NOVELISTAS QUE HA DADO PERÚ, MANUEL SCORZA TORRES.
UNO DE LOS CAPITULOS MÁS CRISTALINOS DE ESA MEMORIA DE OLVIDOS DEEBRÍA ESTAR ACAUDILLADA POR UNA DE LAS MÁS DESMEMORIADAS OMISIONES: LA DE UNO DE LOS GRANDES BARDOS Y NOVELISTAS QUE HA DADO PERÚ, MANUEL SCORZA TORRES.
La cultura pretende ser el recuerdo de la humanidad. Esto parece fuera de toda duda. Pero, a menudo, la historia de la cultura ‘destila cenicientas pepitas de olvido’ en palabras de Juan González Soto, escritor muy entendido en la obra de Manuel Scorza Torres.
Nace, Manuel Scorza, el 9 de septiembre de 1928 en Lima. En 1948, con 20 años, inicia su exilio, el primero de ellos, ya que luego ‘me exilió la vida’.
Su primer poemario
Su primer poemario Las imprecaciones (México 1955) son fruto del dolor en que se halla sumergido el exiliado.
EL DESTERRADO ( De Las Imprecaciones)
Cuando éramos niños
Y los padres nos negaban
Diez centavos de fulgor,
A nosotros nos gustaba
Desterrarnos a los parques
Para que vieran que hacíamos falta,
Y caminaran tras su corazón
Hasta volverse más humildes
Y pequeños que nosotros
¡Entonces era hermoso regresar!
Mas con el tiempo
Encallan de verdad los barcos de juguete;
Atravesamos túneles, deudas, años,
Y son las tres de la tarde,
Y no le sale el sol a la pobreza.
Un día, un impresor misterioso
Pone la palabra ‘trisetza’
En la primera plana de los periodicos,
Y caminando comprendemos
Que estamos en una cárcel de muros movedizos.
Y es imposible regresar.
En 1956, tras la dictadura de Odría, Scorza regresa al Perú y en 1960 lanza su segundo poemario: Los adioses. En 1961, el tercero: Desengaños del mago; en 1962 un poema eligíaco: Réquiem para un gentilhombre: elogio y despedida de Fernando Quispez Asín.
En estos años entra a militar en el Movimiento Comunal del Perú, una agrupación política en defensa de los labriegos aborígenes. Va a salir un nuevo Scorza: el hombre interesado por los movimientos sociales. Los campesinos se sublevan.
Túpac Amaru
En estos años escribe el Canto a Túpac Amaru, poema épico del que su creador no queda enteramente satisfecho: ‘No estoy seguro de haber logrado dar la auténtica dimensión de Túpac Amaru’.
Son los años de composición del nuevo poemario –en el la congoja y violencia desatada empapan todas y cada una de sus estrofas- El vals de los reptiles. Considerada por muchos críticos su obra más trascendental.
Y es en estos años cuando se gesta el ciclo novelesco, que le proporcionará el aplauso internacional, La guerra silenciosa. Con la primera de las novelas del ciclo, Redoble de Rancas, Scorza se convierte en el novelista de las luchas campesinas del Perú. Esta novela se encuentras disponible en la Biblioteca Pública Municipal de las Navas.
MÚSICA LENTA (de Los adioses)
Para que tú entres,
A veces, de tristeza, el corazón se me abre.
Como una puerta tímida,
Para que tú entres, el corazón se me abre.
Pero tú no vienes,
No vuelas más sobre los campos.
En vano mi corazón
A la ventana de su dolor se asoma.
Pasas de largo,
Como si el viento
Soplase solo para allá.
Pasa la mañana y no viene la tarde,
Y el corazón se me cierra,
Como una mano sin nadie, el corazón se me cierra.
Derrotada la revuelta campesina en 1968, Manuel Scorza huye del país, en un nuevo destierro, prácticamente definitivo.
La segunda de las novelas del ciclo, Historia de Garabombo, el invisible, se publica en Barcelona en 1972. Su obra narrativa está llena de su peculiar disposición poética. El resto del ciclo La guerra silenciosa, lo componen: El jinete insomne (1977), Canto de Agapito Robles (1977) y La tumba del relámpago (1979)
A primeros de 1983 aparece la sexta y última novela, La danza inmóvil, que constituye una vía de ensayo en los ámbitos técnicos de la narrativa moderna.
Muerte
El día 28 de noviembre de 1983, muy de mañana, muere en un accidente aéreo en el aeropuerto de Barajas.
Nos ha dejado una rica labor poética que le sitúa en un puesto significativo entre los poetas peruanos y, por qué no, entre los de lengua castellana. Y deja, principalmente, La guerra silenciosa, un fresco narrativo que trasciende con mucho la mera reproducción histórica de las reclamaciones labriegas y mineras de los Andes centrales.
Terminamos este recordatorio haciendo nuestras las palabras del ya mentado más arriba Juan González Soto: ‘En esa probable historia de los olvidos de la cultura, en el apartado a este siglo, la figura de Manuel Scorza ocuparía todo un capítulo, un largo y emocionado capítulo. Si obra está a la espera de los lectores de hoy y del futuro’.
TOMADO DE 'CAMINAR CONOCIENDO', PÁGINAS 48 y 49 DEL NÚMERO 7. JULIO DE 1998
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