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lunes, 19 de octubre de 2009

Frans Eemil Sillanpää: Canciones proletarias (*)


Silja durmió tan bien que ni siquiera oyó los rumores del camino que pasaba a pocos metros de distancia de la pared de la sala. Unos campesinos, enterados de la llegada de la nueva sirvienta, quisieron demostrarle sus simpatías, dándole uan serenata. Pero no se trataba de canciones bucólicas, sino que se hablaba en ella de proletarios y de derramar sangre 'si era preciso'. El amo velaba todavía y dijo a su mujer que se había encontrado a dos sujetos con escarapela roja, que marcaban el paso como dos soldados y que no le habían saludado.

-Deben de ser ellos los que están ladrando afuera.

-No; se trata de Kalle y Vithori, conozco sus voces; han olido la hembra -respondió la mujer dando media vuelta.

Al poco dormía ya. Su marido se levantó y entró en la sala y, después de haber comprobado que sus dos servidores dormían se acercó a la ventana y miró al camino iluminado por la luna. Los dos muchachos nombrados por su mujer se alejaban lentamente, pero su canto dejó una impresión desagradable en la conciencia del campesino propietario. Al volverse, miró a sus crados dormidos, y luego regresó a su habitación. Antes de dormirse experimentó un temor indefinible.

-Los pobres son tan numerosos que todo irá al diablo si las cosas se complican. No dejarán de quedarse con todo -se dijo suspirando.

*
(Frans Eemil Sillampää, en la novela 'Silja')

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(*) Título añadido

sábado, 8 de diciembre de 2007

José Mª Amigo Zamorano reseña a José Luis Cancho

RESEÑA DE LIBROS:

Título: EL viajero junto al mar

Autor: José Luís Cancho

Editorial: Dossoles

Ciudad: Burgos

Año: 1.999

En las cerca de 150 páginas se nos va narrando la vida de Constantino Shakuto, viejo judío griego, desde que es consciente, en un centro de enseñanza donde está interno (de quiénes sean sus padres nada sabe); sus experiencias de niño, sus amistades juveniles, los guerrilleros griegos que bajan de las montañas, su paso por la universidad (allí se entera de su origen judío y de que sus padres han sido detenidos por los nazis y se hallan presos en el penal más siniestro de Grecia), su compromiso en la lucha por la libertad contra el régimen nazi de Metaxas, su posicionamiento, y posterior compromiso, a favor de la sublevación de los comunistas en Tesalónica contra Papandreu; luego la detención, tortura y encarcelamiento: ‘una experiencia así –confiesa el protagonista- jamás lo devuelve a uno al lugar de origen en las mismas condiciones’. Palabras que es difícil no ligar a su propia peripecia vital, si bien no es una novela autobiográfica.

En la segunda parte del libro el ritmo cambia: se acelera un poco sin llegar a romper de una manera dramática con la primera. En esta parte –habría que decir que en toda la novela- los ritmos, los plazos, las palabras can cayendo ‘como vaho que se posa con la suavidad del rocío sobre la yerba’; y todo sin ocultar los fríos de algunas mañanas y sin esconder las escarchas heladas que se adhieren, a veces, a la piel de nuestros pies desnudos; sin negar la aguzada punta de las espinas, ni el doloroso mordisco, a veces letal, de las víboras que acechan por doquier; no hay –repetimos- aristas, filos, anfractuosidades –si se nos permite la palabreja- es decir: una palabra más alta que otra en toda la narración. Se nos dice que C. Shakuto, al salir de la cárcel, abandona su ciudad natal internándose en la maleza de los montes; apartándose de las gentes, caminando despacio hasta pueblos remotos o disolviéndose, junto al susurro interminable de los árboles, en la quietud, en la felicidad… Sabe que el mundo, realmente importante, es duro, áspero y salvaje y lo atraviesa como un mendigo, como un nómada sin patria. Pero el romero –no lo decimos por amante de las romerías-, el caminante, el mendigo, el nómada, como si la vida pendulara entre tierra y agua, vuelve al mar: así de Trieste, pasa a Niza, luego París, Buenos Aires; para retornar a los lugares primeros, pues en el caminar va conociendo que ‘nada es asible al hombre que no le haya sido dado desde el principio’.

Y del mundo de los susurros, de los miedos, de las imágenes confusas de la niñez, va pasando, con ritmos regulares, -con esa lentitud y suavidad que hemos mentado-, al principio, a la entraña misma: los orígenes, las casas, las higueras, las sinagogas, las plegarias melodiosas…; la tribu, en fin, que le reclama desde siempre; hasta los ojos le acechan desde un cuadro, es el arte que se hace vida, como se le encarnizan las oraciones perdidas…: la Torah le saca de sus casillas por una vez, y por una sola vez se desborda, pierde los papeles, o los encuentra; y vocea, y grita, grita casi hasta rasgarse la garganta: ‘¡yo soy judío! ¡yo también soy judío!’. Y se une a la lucha de su pueblo por el retorno a Israel: recoge fondos, redacta manifiestos… se entrega por completo. De lleno en la campaña de Exodus II le comunican la muerte de un amigo; y él, que no es creyente, ante su tumba, reza encontrando las palabras perdidas en el Kaddish –oración de los muertos- que de pronto se cargan de sentido: ‘yitgadal veyitkaddash… ' Y mientras las palabras de la oración fluyen como lágrimas, concluye: el pasado de mi pueblo al que yo me siento unido es el de la diáspora, el de las persecuciones, el de los progroms y los holocaustos, el dispersado por todo el mundo, pero con un enraizado sentimiento de unidad…

¡Cómo nos hace recordar esta conclusión un poema de nuestro amigo el poeta israelí Shelomo Avayoú, ‘Vagabundeo’!:

Soy inmigrante de los demás.
Hoy nadie logra vivir donde nació,
Muy pocos eligen donde morir.
Al parecer, haga lo que haga,
No traicionaré mi procedencia:
La inquietud y el desarraigo
Siempre serán mi hogar.
Busco y cortejo el consuelo
Siempre en territorio hostil.
Si el exilio es inevitable,
¿por qué anhelo un jardín?
Vengo del miedo, y de aquí
A él me voy. Ya no recuerdo
Donde nací, o donde muero.
Toda mi vida, toda mi vida – vagabundeo.

José Mª Amigo Zamorano
26-X-1.999
Las Navas del Marqués (Ávila)

viernes, 19 de enero de 2007

Juan González Soto: MANUEL SCORZA EN LA MEMORIA DE LOS OLVIDOS


MANUEL SCORZA EN LA MEMORIA DE LOS OLVIDOS

UNO DE LOS CAPITULOS MÁS CRISTALINOS DE ESA MEMORIA DE OLVIDOS DEEBRÍA ESTAR ACAUDILLADA POR UNA DE LAS MÁS DESMEMORIADAS OMISIONES: LA DE UNO DE LOS GRANDES BARDOS Y NOVELISTAS QUE HA DADO PERÚ, MANUEL SCORZA TORRES.

La cultura pretende ser el recuerdo de la humanidad. Esto parece fuera de toda duda. Pero, a menudo, la historia de la cultura ‘destila cenicientas pepitas de olvido’ en palabras de Juan González Soto, escritor muy entendido en la obra de Manuel Scorza Torres.
Nace, Manuel Scorza, el 9 de septiembre de 1928 en Lima. En 1948, con 20 años, inicia su exilio, el primero de ellos, ya que luego ‘me exilió la vida’.

Su primer poemario
Su primer poemario Las imprecaciones (México 1955) son fruto del dolor en que se halla sumergido el exiliado.

EL DESTERRADO ( De Las Imprecaciones)
Cuando éramos niños
Y los padres nos negaban
Diez centavos de fulgor,
A nosotros nos gustaba
Desterrarnos a los parques
Para que vieran que hacíamos falta,
Y caminaran tras su corazón
Hasta volverse más humildes
Y pequeños que nosotros

¡Entonces era hermoso regresar!

Mas con el tiempo
Encallan de verdad los barcos de juguete;
Atravesamos túneles, deudas, años,
Y son las tres de la tarde,
Y no le sale el sol a la pobreza.

Un día, un impresor misterioso
Pone la palabra ‘trisetza’
En la primera plana de los periodicos,
Y caminando comprendemos
Que estamos en una cárcel de muros movedizos.

Y es imposible regresar.

En 1956, tras la dictadura de Odría, Scorza regresa al Perú y en 1960 lanza su segundo poemario: Los adioses. En 1961, el tercero: Desengaños del mago; en 1962 un poema eligíaco: Réquiem para un gentilhombre: elogio y despedida de Fernando Quispez Asín.
En estos años entra a militar en el Movimiento Comunal del Perú, una agrupación política en defensa de los labriegos aborígenes. Va a salir un nuevo Scorza: el hombre interesado por los movimientos sociales. Los campesinos se sublevan.

Túpac Amaru
En estos años escribe el Canto a Túpac Amaru, poema épico del que su creador no queda enteramente satisfecho: ‘No estoy seguro de haber logrado dar la auténtica dimensión de Túpac Amaru’.
Son los años de composición del nuevo poemario –en el la congoja y violencia desatada empapan todas y cada una de sus estrofas- El vals de los reptiles. Considerada por muchos críticos su obra más trascendental.
Y es en estos años cuando se gesta el ciclo novelesco, que le proporcionará el aplauso internacional, La guerra silenciosa. Con la primera de las novelas del ciclo, Redoble de Rancas, Scorza se convierte en el novelista de las luchas campesinas del Perú. Esta novela se encuentras disponible en la Biblioteca Pública Municipal de las Navas.

MÚSICA LENTA (de Los adioses)
Para que tú entres,
A veces, de tristeza, el corazón se me abre.

Como una puerta tímida,
Para que tú entres, el corazón se me abre.

Pero tú no vienes,
No vuelas más sobre los campos.

En vano mi corazón
A la ventana de su dolor se asoma.
Pasas de largo,
Como si el viento
Soplase solo para allá.
Pasa la mañana y no viene la tarde,
Y el corazón se me cierra,
Como una mano sin nadie, el corazón se me cierra.

Derrotada la revuelta campesina en 1968, Manuel Scorza huye del país, en un nuevo destierro, prácticamente definitivo.
La segunda de las novelas del ciclo, Historia de Garabombo, el invisible, se publica en Barcelona en 1972. Su obra narrativa está llena de su peculiar disposición poética. El resto del ciclo La guerra silenciosa, lo componen: El jinete insomne (1977), Canto de Agapito Robles (1977) y La tumba del relámpago (1979)
A primeros de 1983 aparece la sexta y última novela, La danza inmóvil, que constituye una vía de ensayo en los ámbitos técnicos de la narrativa moderna.

Muerte
El día 28 de noviembre de 1983, muy de mañana, muere en un accidente aéreo en el aeropuerto de Barajas.
Nos ha dejado una rica labor poética que le sitúa en un puesto significativo entre los poetas peruanos y, por qué no, entre los de lengua castellana. Y deja, principalmente, La guerra silenciosa, un fresco narrativo que trasciende con mucho la mera reproducción histórica de las reclamaciones labriegas y mineras de los Andes centrales.
Terminamos este recordatorio haciendo nuestras las palabras del ya mentado más arriba Juan González Soto: ‘En esa probable historia de los olvidos de la cultura, en el apartado a este siglo, la figura de Manuel Scorza ocuparía todo un capítulo, un largo y emocionado capítulo. Si obra está a la espera de los lectores de hoy y del futuro’.

TOMADO DE 'CAMINAR CONOCIENDO', PÁGINAS 48 y 49 DEL NÚMERO 7. JULIO DE 1998