martes, 1 de septiembre de 2009

José Mª Amigo Zamorano: El Extraño y Verde Amor de Tareo


Fue un acto espontáneo. Libre. Puro. Pero nadie le hizo caso. ¡Pobre Tareo! Siempre pensando en ellas.
Él sabe que estuvo contemplándolas largo rato durante parte de su vida. Encontraba similitudes o parecidos asombrosos.
-¡Qué bonitas! Pero... ¡qué bonitas!
Tareo desde ese lugar recoleto del parque las veía moverse suavemente. Cerró los ojos.
No sabe el rato que estuvo así, lo que si se acuerda es que oyó algo, y abrió los ojos cuando ya el guarda miraba en derredor y como no viera a nadie cerró la puerta de entrada del parque.
Corrió a llamarle pero ya se perdía por entre las calles aledañas.
Se encogió de hombros. Total, no tenía nada que hacer. Y por lo tanto, prisa tampoco. No había previsto acto alguno. Si acaso comer... De eso podía pasar, porque no tenía hambre. Y si le entrara gazuza, que quizás le entrase, en poco más de dos o tres horas abrirían de nuevo el parque. Luego comería en la residencia.
Se dio la vuelta y comenzó a andar por el primer sendero que se encontró. Silencio. Solo el piar de los pájaros y sus pasos lo interrumpía. Y calor. Mucho calor.
Casi sin proponérselo se halló, al poco rato, en su lugar preferido. Un lugar recoleto, rodeado de árboles. Debajo de unos plátanos había un banco. Y justo, enfrente, un estanque. Se sentó. Allí se sentaba siempre. Alargó ambos brazos acariciando con las manos las barras de madera del respaldo del banco. Cerró sus ojos dejándose llevar por el silencio que el canto de los pájaros adornaba. Al arrullo de sus trinos le vinieron ellas a su recuerdo. Un recuerdo placentero, casi lujurioso.
-¡Qué calor hace! Hoy, al sol, se achicharran hasta las cigarras.
De repente dijo en voz alta:
-¿Y si me desnudara?
Y a continuación se preguntó:
-Y... ¿por qué no?
Y dicho y hecho: se quedó como su madre lo pariera, en bolas.
-¡Qué gusto!
Se rió acordándose de lo que cuenta Azaña en sus memorias sobre uno de sus generales, Pedro de la Cerda; al parecer se paseaba por los pinares de Las Navas del Marqués, donde tenía una finca, desnudo. Delante de él iba un soldado diciéndoles a los veraneantes:
-Apártense, que viene el general en cueros.
-¡Qué jodío don Pedro de la Cerda y López Mollinedo! ¡Qué jodío!
Se levantó del banco y comenzó a marcar el paso al ritmo militar:
-Uno, dos, tres, cuatro. Uno, dos, tres, cuatro. ¡Alto! ¡Ya!
Y cuadrándose, se llevó la mano a la frente en actitud de saludo. Miró en derredor como saludando con la vista a unos presuntos espectadores.
-¡Rompan filas, ya!
Con el roce el miembro se le levantó y roto el encuadre de firme se miró hacia abajo prorrumpiendo en sonaras carcajadas.
-¡A sus órdenes, mi comandante fálico!
Y riéndose volvió a sentarse. Cerró los ojos otra vez. Pero aun así seguía contemplándolas. En unos lugares formaban espesas masas. Como esas fotos en las que aparecen miles y que un fotógrafo se ha especializado precisamente en ellas. En otras se portaban como individuos desgajados del entorno, difíciles de disciplinar, anárquicas.
Para él todas eran queridas. Deseables. Con lúbrica ambucia las tenía en su mente.
Además había observado que una de sus partes, aunque en puridad, no tenía movimiento, a veces se movía.
-A ver -se decía- no es un movimiento mecánico.
El sabía que la materia... lo sustancial de la materia... es movimiento, transformación, cambio.
-Veamos la cosa -dijo en alta voz.
Y quería decir que ese movimiento a veces era visible a simple vista. Otras no. Cuando era percibido por el sentido de la vista era muy variable, dependiendo, claro está, de la clase de cada una.
Lo comparaba con las masas de gente, ya puesto que hay masas y masas: no se mueven de la misma manera las que van al fútbol que las que se dirigen a ver una película; o no se comportan lo mismo las que acuden a un concierto de música que aquellas cuyo objetivo es una exposición de pintura...
Y dentro de esas masas los individuos forman submasas: las ariscas, mansas, anodinas...
Abrió los ojos. Pene enhiesto. Deshinibido. Libre. Puro. Natural. Se estiró. Acarició su falo tieso.
-Saluda a Venus que te mira, lúbrica, desde arriba, desde el cielo.
Y volvió a reirse a mandíbula batiente. Como un orate.
Cuando se fue tranquilizando volvió a pensar en ellas obsesivo, insistente, sacándole esas similitudes o pareceres, que ya se ha mentado, en cada una de ellas.
No sólo halló un cierto parecido, pues todas terminaban, una parte de ellas al menos, en punta; eso sí, unas redondeadas, otras más puntiagudas; las había de forma circular; en cuanto a su forma de moverse unas producían irisaciones; en cambio ese mismo movimiento en unas era lánguido, desmayado y en otras vivo, alegre, retozón...
Con todas ellas quería bailar él; las apretaría contra si...
Volvió a estirarse. Esta vez su miembro estaba duro como una piedra.
-¡Miralas! Ahí las tienes. Te miran ansiosas. Son tuyas. Todas. Obsérvalas.
Se levantó y en un arranque de decisión desgajó una rama y se pudo a bailar con ella. Daba vueltas y vueltas como un loco. Apretaba la rama contra él. Las hojas acariciaban su pene. Así estuvo un buen rato como si no estuviera en su ser. Luego, con sumo cuidado, casi con delicadeza, llevó la rama hasta el banco, la depositó con suavidad y le dio un beso a una de sus hojas. Extendió los brazos y giró en redondo.
-Yo soy la naturaleza y la naturaleza me quiere. Y yo las quiera a todas ellas.
Un niño, que había oído voces, se asomó a ese rincón del parque y le dijo a madre:
-Mira, mamá, ese hombre lo tiene como papá.
Fue un acto espontáneo. Puro. Libre. Pero nadie le hizo caso. No lo creyeron cuando lo explicaba. Por eso lo devolvieron al manicomio.
Y cuando se descuidan los loqueros se pasea, como su madre lo parió al mundo, por los alrededores del establecimiento.
¡Pobre Tareo! Siempre agarrado a ellas.


jueves, 23 de julio de 2009

Marglet Cuthbert: Solo vos me traes amor

Marglet Cuthbert: Solo vos me traes amor

El sol me caclienta como tu cuerpo.
El viento frío como tu enojo
y la música que me cantás
es nuestro deseo.

La lluvia es como tus besos
y las palmas son como tus brazos.
Todas las cosas vivas traen felicidad.


*
Marglet Cuthbert
Taller de poesía de Laguna de Perlas

*

Revista 'Poesía libre'. Ministerio de Cultura (Managua, Nicaragua) Año IV, número 10, enero de 1984

sábado, 27 de junio de 2009

Poema leído en un papiro

Aquel jovencísimo sicómoro
que ella plantara con sus propias manos,
cuando entreabre los labios para hablar,
el murmullo de sus hojas verdes
es dulce como el sabor de la miel.

Es bello.

Hermoso, acogedor e íntimo
como el color verdioscuro de sus ramas,
más profundo que el verdor del moral
adonde antaño siendo niña gateara.
Está cuajado de fruta madura,
roja como el jaspe sanguíneo.
Sus hojas tienen el color de la malaquita,
su corteza posee el color del jaspe verde.
Los frutos, ¡ah los frutos!, imanan como el rojo de sus labios.

En fin, atrae a los que no están a su abrigo
porque en su sombra las brisas se refrescan.
Es como si colocara una carta de amor
en la mano de una doncella, hija del mayordomo jefe,
a la que hace correr anhelante hacia el amado:

'Ven a pasar un momento con tus amigos.
El jardín está en fiesta,
y yo guardo el emparrado y la tienda.
Las gentes del jardín se solazan
y son aun más felices cuando te ven aparecer.
Haz venir a los lacayos ante mi con provisiones.
Luego vuelo hacia ti,
y es como si me sintiera ebrio,
sin haber bebido'.

Los servidores vinieron con alimentos,
trajeron variadas cervezas,
panes de todas clases;
muchas flores de ayer y de hoy;
y toda clase de frutos.

¡Oh! que pueda transcurrir el día felizmente
mañana tras mañana,
tres jornadas ininterrumpidas sentándose a mi sombra.

Su amigo está a su diestra.

Ella le da de beber y hace lo que él dice.

Mientras la compañía se hunde en la borrachera,
ella se mantiene apartada de su hermano.

Va y pasea bajo mis ramas,

la hermana,

pero yo guardaré silencio

y no revelaré

ni lo que vea,

ni sus

palabras.

*

Papiro del Egipto Antiguo

(Versión libre de Iswe Letu)

martes, 5 de mayo de 2009

Pedro de la Cerda / Eugenia Lefevre: Ante la policía y sus esbirros (*)


Nos ha dejado don Francisco Correal, un vecino de Las Navas del Marqués, un libro que escribiera, antaño, allá por finales de los años 20 del siglo pasado, Pedro de la Cerda y su esposa Eugenia Lefevre. Pedro de la Cerda -nos informa D. Paco- fue un militar al que, él, compró una finca que hoy se llama La Cerda. Militar que participó en la represión del levantamiento minero de Asturias, durante la II República de España. En las 'Memorias de Azaña' -nos asegura nuestro amigo señalando página y todo- aparece este militar diciendo que el gobierno de esta república estaba lleno de zascandiles. Opinión que llegó a Azaña y que lo destituyó. O algo así. Y, asegura, después no se volvió a saber ni a oír nada de él. En la conversación nos informa, además, que Pedro de la Cerda, el general Alejandro Mas y el pintor Aniceto Marinas se reunían a charlar aquí en Las Navas. Para mayor información asegura que en algunos libros se dice de él, del militar De la Cerda, que daba paseos en 'bolas' por entre los pinos.
.
Comenzamos a leer el libro y nos sorprende escribiendo opiniones muy duras sobre la España de su tiempo, del tiempo en el se escribe el libro; es decir: la dictadura del general Primo de Rivera. Manifestamos nuestra sorpresa al que nos ha dejado el libro; quien -tenemos que proclamarlo- es muy amante de las cosas de su pueblo y las conoce al dedillo; y el libro también. Nos dice, sin dudarlo, que es normal, porque Pedro de la Cerda era republicano y estaba siendo maltratado por la dictadura de aquel entonces: la llamada dictablanda. Por eso se fue de España realizando un viaje por el mundo. El libro es el resultado de ese garbeo turístico por el orbe. Se titula 'Viaje universal en busca de la verdad'. Y comienza, según parece, por estos lares.
Así lo describen el militar y su esposa:

"Todo llega en la vida: el 27 de julio de 1928, solitos y sin que nadie se apercibiese, partimos de nuestra casita 'Los Golos', situada en la Sierra de Malagón, a 1.400 metros de altitud, centrada en inmenso y delicioso pinar. Por la tarde, en la capital, recogemos nuestros bagajes, y el 28, temprano, en el rápido, camino de París.
A las once el tren atraviesa el pinar; a lo lejos nuestra casita blanca, solitaria, testigo de nuestras dichas; allí quedan 'Soberbia' y 'Choli', que durante doce años nunca nos abandonaron en penosos viajes, nuestros inolvidables y mejores amigos, los únicos que jamás nos mordieron; espérannos (sic), con gran pena nos atormenta vuestra ausencia. Nos abrazamos; el mismo pensamiento nos asalta. ¿Volveríamos? Siempre unidos y felices en la zozobra y pesares, después de tanta aventura, riesgos y peligros únicos, que animosos y convencidos afrontamos en nuesto viaje. Solos, sin apoyos en el mundo, mas con la fuerza ideal que da nuestra solidaridad, sin abandonos, frente a frente de lo desconocido e inevitable.



Por la noche abandonamos nuestro territorio; después de sufrir todas las vejaciones imaginables ante la policía y sus esbirros, también avergonzados, presentes sus desafueros y obligados por el régimen. Pasamos y seguimos, entrando en Francia sin molestia alguna, el 29 de madrugada en París.



¡¡París, París!! (sic), la antorcha siempre encendida, que jamás toleró apagar un pueblo viril pleno de razón y libertad. Respiramos, nos sentimos superiores; parece que ya no somos bestias, nos elevamos a seres que pueden pensar, sentir y querer libremente. ¡¡París!! (sic), que recoge y ampara todos los anhelos humanos con sus grandezas y liviandades; en donde viven su vida: el sabio, superándose y acercándose hasta la posible sabiduría; el artista, con sus creaciones, elevándose hasta el genio; el vicio y la corrupción, hundiéndose en fétidos y profundos fangos."
*
Eugenia Lefevre y Pedro de la Cerda

('Viaje universal en busca de la verdad'; editorial C.I.A.P. -Compañía Ibero-Americana de Publicaciones; Madrid-Barcelona-Buenos Aires, 1930, página 12; Compañía General de Artes Gráficas, Madrid)
__________
(*) Título nuestro

martes, 7 de abril de 2009

Pierre Makombo Bamboté (*): De Bangui a París - Tercero - Único-

Pierre Makombo Bamboté (*):
De Bangui a París - Tercero -

(Único: Se es ciertamente un)


Se es ciertamente un
cobarde
¿verdad?
cuando se tienen cien
francos se
entra en un 
restaurante a comer
puerco
dorado.
Los dientes
penetran en la
crema de
mantequilla.
Luego se va uno a comprar el
libro que
quiere.
Los que
 no tienen
nada suben obligatoriamente.

Pierre Makombo Bamboté
('De Bangui a París')

__________
(*) Nació en Uada el 1º de abril de 1932.
Obras principales:
La poésie est dans l'histoire (París, Eds. P. J. Oswald, 1960. Coll. Janus); Chant funèbre pour un héros d'Afrique. Précédé d'un chant populaire adapté par Sembene Ousmane (Túnez, Société Nationale d'Edition et de Diffusion, 1962. Coll. "J'exige la parole"; Le grand état central (Gourdargues, Gard, Eds. de la Salamandre, 1965); Les rondonnées de Daba 'de Ouadda è Bangui' (París, Eds. La Farandole, 1966. Mille épisodes); Le dur avenir (Bangui, Ed. del autor, 1966); Les deux oiseaux de l'Ubangui (París, Eds. Saint-Germain-des-Prés, 1970) y Le soir des destructeurs. Princesse Mandapu (novela, París, Eds. Presence Africaine).

martes, 3 de febrero de 2009

Agustín García Calvo: Para Don Felipe (1)

Para Don Felipe, contemporáneo de estos versos, memoria siempre-viva(2)



No puedo ya fingir _(3) que no sé lo que eres,
oh luna, o que no sé _ por qué creces y menguas,
ni puedo ya en verdad _ dibujar en tu cara
figuras ni un collar _ que de ánimas blancas
te ciña ni beber _ fría miel de tu cuenco.

Sé todo ya de tí, _ cómo giras y ruedas
y cómo, al par que vas _ cada tarde más gruesa
volviéndote, a la par _ sales más y más tarde,
hasta que, cuando ya _ sales justo al momento
que el sol se pone, hoy, _ toda llena seguro
que en alto cielo a tí _ te veré a medianoche,

y luego, cuando más _ trasnochando me hagas
aquí esperarte, al fin _ cuando asomes, más poca
y cada noche más _ he de verte flaquilla,
hasta que, al asomar _ con el alba, te anule
de un suspiro el sol _ como hebrilla de seda.

Lo sé todo de tí: _ que eres un mordisquito
que se desmigajó _ una vez de esta pella,
cuando se estaba aún _ para tierra cuajando,
la cual tampoco más _ era que una pavesa
que del ardor del sol _ desprendida brincara,
cuando él no era más, _ a su vez, que es destello
de un rebujón de gas _ que estalló en llamaradas

por un momento, oh sí _ un momento, que es éste,
y que por eso a tí _ te parece que dura
tan largo, pero es _ un momento cualquiera
del juego del azar _ de fugaces relumbres
de chispas que a través _ de la noche sin fondo
de vez en cuando dan _ en brillar, y se llaman
'estrella' por no más _ que el istante(*) que tarda
la boca del sinfín _ en decirle su nombre;

y más te digo aún, _ que ese juego al fin todo
de a tiempos encender _ y apagar farolillos
y de espolvorear _ el abismo de polvo
de luz y de enroscar _ caminitos de leche
tal vez solo a un rincón _ del profundo le toca,
y fuera, más allá _ de tu cielo y el mío
(¿me oyes?), más allá _ no se juega a esas cosas,
quizás a nada (¿no?) _ a silencio sin nombre.

Ya ves; y aún sé más _ de ti, luna, y te digo
que, cuando más lo sé, _ menos sé lo que eres,
y menos eres tú, _ menos eres tú, luna,
y hundiéndoteme vas _ pequeñita a lo lejos,
y te me esfumas ya _ como un guiño en un sueño.

¡Espera! Escucha aún: _ que el que sabe eso todo,
que sé quien eres tú _ y te borro, éste mismo
¿quién es? No puede ser: _ yo no puedo estar dentro
de lo que sé, y así _ no podré saber nunca
quién soy. ¿Verdad que yo _ no soy nadie ni nada?

Oh luna, dilo tú, _ díme tú "No soy nadie",
y de ese modo, yo _ seré tú que lo dices.
Sé tú mi espejo, tú _ mi espejito de plata,
que en tí me mire yo, _ y me vea que nada,
no hay nada. Líbrame _ de ilusiones, oh luna,
oh tú: desnúdame _ de mi último harapo.


Agustín García Calvo, Las Navas, agosto '97

__________
(1) El título se lo hemos puesto nosotros
(2)Dedicatoria del autor a un vecino del barrio de La Estación de Las Navas del Marqués, donde pasa temporadas el maestro
(3) La rayita se la hemos puesto nosotros. La separación es de Don Agustín.
(*) Particular ortografía del autor

(este poema, creemos, salió en las primeras páginas de la revista 'Caminar conociendo', pero al ser copiado este número a Internet se debió de olvidar porque no aparecía)

José Mª Amigo Zamorano: La fama de Agustín García Calvo

Reflexionando sobre el 'Cantar de las dos Torres' que, tan amablemente, nos ha dedicado D. Agustín García Calvo caímos en la cuenta de lo poco que sabemos de su vida y su obra y de su paso por el mundo.

Guardamos en la memoria, eso si, unas cuantas leyendas, algunos chismes y escasas anécdotas. Todo superficial, pensamos; pero que ya, de por sí, indican que fue famoso desde que su madre lo pariera.

Se decía que fue a estudiar latines a la Universidad de Salamanca y que, en contra del parecer o deseos de la familia, contrajo matrimonio muy joven y que supo salir adelante solo con las becas que ganaba; también se decía que que no había pasado ni un curso y ya sabía más latín que sus profesores; o se contaba que iba a sacrificar palomas a dioses paganos a las orillas del río Tormes, que es el río que pasa por esa ciudad; y que por eso el régimen franquista le tenía entre ceja y ceja. Claro, no nos extraña, siendo, como es, la paloma un ave, símbolo del Espíritu Santo, una de las tres personas del dios católico que es, como todo el mundo sabe, uno y trino; y siendo la dictadura franquista nacional-católica ese sacrificio representaba un intento simbólico de asesinarla.

Leyendas, leyendas, leyendas.

Que tienen menos valor, para nosotros, que el pedo de una hiena vieja.

No nos imaginamos al maestro ejerciendo un oficio tan sangriento de liquidador de palomas.

Como tampoco, siendo sinceros, y lo somos, no llegamos a entender el por qué de la inquina franquista hacia García Calvo. Ni el peligro que pudieran representar sus clases de latín. En nuestra cabeza no entra.

Estudiando en la Escuela de Magisterio se contaban esas cosas. Como una vernegía. Y de ello haciamos héroes. El ansia de libertad propiciaba la creación de adalides antifranquistas. Aun nos viene a la memoria el cuento ese de Gila, el humorista, que, según se contaba, había llevado a cabo la heroicidad de salir al escenario, en algún lugar de España inconcreto, y representando a un mecánico de bicis se pasaba un tiempo prolongado, hasta que el público comenzaba a protestar, y entonces se encaraba con los espectadores espetándoles: 'Les seré franco: ni la arreglo ni me voy'. O al revés: 'ni me voy, ni la arreglo'. O se citaba a Alvaro de la Iglesia, un escritor de relatos humorísticos, ya olvidado, que fue director de la revista de humor 'La Codorniz'. Se contaba que, el tal Alvaro de la Iglesia, fue a dar una conferencia a una ciudad extremeña. Entre los asistentes, estaba, y se contaba como si se hubiera asistido a la charla, algún jerarca de la dictadura franquista. Sabiéndolo el escritor, se puso en lugar de la botella de agua una de coñac y de cuando en cuando, a lo largo de su disertación, acudía a la botella a proporcionarse un lingotazo. Y así medio obnubilado le cantó las cuarenta a ese mandamás. El borracho transformado en luchador antifranquista. ¡Ah, qué valentía! La libertar a través de la cogorza.

Pues bien, en esa escuela conocimos a Amador Madrid Calzada. Se sentaba en la misma mesa. Y llegamos a tener cierta amistad. Nos contó que su hermano era del círculo de Agustín García Calvo. Ignoramos si amigo, discípulo, compañero, seguidor, admirador... lo que si constatamos es que el escritor escribía a su círculo cartas desde donde estuviera y que ellos las guardaban como si fueran las palabras pronuciadas por un oráculo. Vamos, como oro en paño. Un día, Amador, nos trajo un hato de ellas. No recordamos su contenido. Quizás porque no entendiéramos nada de lo que hablaba. O porque el paso del tiempo haya borrado lo que leimos. Solo una frase se nos quedó prendida en el ojal, porque en nuestra mentalidad de críos, educados en el nacional catolicismo, el ver escrita una palabra malsonante era como descubrir una mosca negra en la inmaculada leche. Veamos el escándalo: leíamos una carta de este prócer de la literatura en la que, refiriéndose a no recordamos quien, decía: 'Y fulano de tal seguirá en que por cojones tiene que ser...'. Fue un choque. Eso no lo podía escribir una persona tan connotada. Tenía que ser imposible. Pero no, estaba allí escrita: 'cojones'. El ídolo se cayó a tierra. En fin...

Pasado un tiempo llegamos a pensar que el maestro, quizás, nos pudo examinar de latín. Encontramos en casa un libro de texto 'rotulado 'Viriate Vitae' que tenía su autoría. Si nos examinó, no lo recordamos.

Con esa aureola de raro, extravagante, rebelde... quisimos conocerle. Un día, estando con un amigo de Zamora, (Lorenzo Angoso Arribas se llamaba y suponemos que se seguirá llamando) lo vimos. Bueno, lo vio él. Nosotros no lo conocíamos más que de nombre. Nos acercamos y le habló. Creo recordar que no nos hizo mucho caso, sin por ello ser descortés. En un recoveco de nosotros nos quedó esta estampa: serio, patillas pronunciadas como habíamos visto en el cine que llevaban los bandoleros de Andalucía; esos que, decían, robaban a los ricos para dárselo a los pobres; enmarañado cabello negro, despechugado, camisa floreada y por fuera llevaba una especie de tabardo o abrigo largo que nos pareció adornado con algunos lamparones. Lo que dio más morbo. Lo poco que habló, unas veces lo hizo mirando al suelo y otras a un punto inconcreto, como si estuviera en otra onda su cerebro. Y lo estaría. Se alejó caminando recto, con lentitud. Eso fue todo.

Su estatura se agigantaba cuando, en corrillos, se narraba su lucha por conseguir una plaza de catedrático de latín. Otra leyenda más. Leyenda que tiene también, cómo no, al Opus Dei de trasfondo. Su contrincante, seguimos acordándonos de lo que se hablaba, era un miembro del Opus Dei. Un obstáculo serio porque la influencia política de esta 'santa mafia' era innegable, y lo sigue siendo. Para salvar este pedrusco en el camino, proseguimos con la leyenda, se le ocurrió convocar a los embajadores de los países llamados democráticos (Inglaterra, Francia, Alemania...) para que estuvieran presentes en el examen. Los que lo contaban añadían que, entre las pruebas que había que superar, una de ellas, se llamaba 'El Autobombo' que consistía, como se deduce de la palabra, en elogiarse a si mismo, darse pisto, al tiempo que se atacaba al contrinncante, ninguneándolo hasta extremos inauditos. Al parece D. Agustín García Calvo demostró que, su contrario, había publicado libros en los que páginas y páginas enteras eran de otros autores que, el maestro, señaló con puntos y comas. De manera que dejó claro que no tenía rivales en lo tocante al conocimiento del latín. ¡La verdad se hizo luz! y la luz de Agustín García Calvo brilló con tanta intensidad que dejó deslumbrados a todos los miembros del tribunal y a los representantes plenipotenciarios. Y la luz se hizo cátedra.

¡Que de leyendas en torno al maestro D. Agustín García Calvo!

Todo cáscaras.

Pero estas cáscaras demuestran que, efectivamente, había nacido una estrella del vientre de su madre. Solo faltaba ponerse en camino de Jerusalem.

Acontecieron por entonces las primeras manifestaciones contra el franquismo en la universidad. Los estudiantes se encresparon y ciertos profesores (los menos) se unieraon a ellos. La prensa y otros medios de comunicación publicaron sus nombre: Enrique Tierno Galván, José Luis López-Aranguren, Santiago Montero Díaz, Aguilar Navarro, como no, Agustín García Calvo. Fueron denunciados, expedientados y expulsados de la universidad.

La fama y prestigio del maestro se acrecentó y su situación personal se abajó como Cafarnaum. 'Y tú Cafarnaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada' (San Juan, X, 15)

Él partió al exilio, cosa que supimos después, voluntariamente. Y nosotros nos fuimos voluntariamente obligados por la pasta al exilio, dentro del estado español, en Euskadi. Nos metimos en la lucha clandestina antifranquista. No volvimos a saber practicamente nada de este profesor expulsado de la universidad. Eso si, de cuando en cuando compramos algún texto suyo (pocos): poesía, traducción de alguna obra de teatro clásico griego, un opúsculo sobre Marx 'Apotegmas a propósito del marxismo' (París: Ruedo Ibérico, 1970) que no entendimos nada... Estábamos en otra onda marxista leninista.

Decíamos más arriba que supimos más tarde que se exilió en Francia. Lo leímos en uno de los libros que compramos. Nos llamó la atención cuando contaba que, tras la expulsión de la universidad, lo seguía la policía. Una vez uno de los polis que estaba haciendo su seguimiento era conocido suyo. Y lo saludó por su nombre. El sabueso, avergonzado, viose destronado de su serio cometido de su autoridad y no encontró otro recurso, para reinstaurarse en su trono policial, que abofetearle al maestro.

¡Ah! por ese libro nos enteramos de que la atmósfera se le hizo tan irrespirable que decidió exiliarse. Marchó a París de la France.

Veinte años estuvimos en Euskadi. ¡Cazi na! Cuando volvimos de regreso al viejo lar abandonado, a la tierra castellana que 'face a los ommes e los gasta', abandonamos la militancia política y nos sumergimos en la militancia literaria. Algo había que hacer. Creamos una revista. 'Caminar conociendo' bautizamos. Y por esas casualidades de la vida, como a veces la tierra es un pañuelo, por esos lugares andaba el escritor. A él acudimos para saber si podría colaborar con nosotros de una manera desinteresada. Lo que hizo generosamente con varios escritos y hasta nos concedió una entrevista. De los escritos y la entrevista pondremos los enlaces por si alguno pudiera estar interesado en ellos:

Número 2, Entrevista a Agustín García Calvo: http://ever-enen17.blogspot.com/2007/01/entrevista-agustn-garca-calvo.html;
Número 8, Poema según promesa, traducción del latín de un poema de Benito Arias Montano:  http://ever-enen14.blogspot.com/2007/02/benito-arias-montano-poema-segn-promesa.html;
 Número 9, Para la mesa redonda sobre abolición deuda externa: http://ever-enen13.blogspot.com/2007/01/para-la-mesa-redonda-sobre-abolicin.html.

(En la lista se ha caído un poema cuyo estilo es otro, en la que, creemos, viene a decir que ha dejado la fe de dios)

Tuvimos oportunidad así de acercarnos a él personalmente. Y casi sin querer nos fueron llegando sus variados registros. Encontramos una personalidad sorprendente. Eso demostraba lo ignorantes que estábamos sobre su pensamiento. Sólo teníamos anécdotas, superficialidades, leyendas, chismes...

En una ocasión le invitamos a la presentación de un número de la revista. Como se mostrara reacio, para animarlo, le dijimos que, en el evento, estarían presentes prensa, radio y televisión.

¿Para qué se nos ocurriría decir 'televisión'? Nos respondió: '¿Televisión?. Entonces si que no vamos'. Nos explicó que se negaba a a salir en ese medio de comunicación. Es más, como se diera cuenta de nuestra perplejidad, expresó que no era ninguna disculpa para no acudir a la presentación de 'Caminar conociendo', sino que era una decisión meditada. Y para subrayarlo añadió: 'Me veo obligado todos los años a rechazar varias invitaciones de ese Medio de Formación de Masas'. Lo ponemos con mayúsculas pues es así como lo suele escribir el escritor con su ortografía particular. Y es que se negaba a aceptar aquello que dice que el no sale en ese medio es como el que no existe. Se negaba.

Le han concedido los Premio Nacional de Ensayo, Premio Nacional a la Obra de un Traductor de 1990, Premio Nacional de Literatura Dramática de 1999. De todo ello cualquiera puede encontrar referencias más concienzudas en Internet. Vease por ejemplo: http://es.wikipedia.org/wiki/Agustín_García_Calvo

Y el primero en ser un objetor fiscal (no sabemos si se dice así) que esto es otra cosa, para el sistema, más peligrosa. Fue atacado por unos y elogiado por otros. Recordamos aquí como lo atacó el escritor Francisco Umbral o lo defendió el periodista Andrés Aberasturi. Hasta un antiguo camarada nuestro (que estuvo condenado a muerte por el franquismo) decía que era la postura de un señorito de pueblo. Así estuvieron las cosas. El maestro, empero, ni fue a la cárcel, ni cristo que lo fundó.

Nosotros queremos dar nuestra particular visión de él. El que quiera obtener datos prietos, sistemáticos, científicos, serios, concienzudos... que busque en otra parte. Aquí solo encontrará una parcelita sin importancia. O si la tiene será mínima. Recordamos que, de las pocas cosas que le hemos leído (su producción es numerosísima), nos llamó la atención el que los poemas estuvieran hechos de una forma tan sencilla, con un lenguaje tan de andar por casa que nos parecía estar oyendo hablar a nuestro padre, a nuestra madre, o a cualquier campesino de Zamora. Lo atribuimos a su nacencia. Nada más lejos, nos hemos ido dando cuenta que es un lenguaje elaboradísimo. Entre los artículos que nos envió para la revista uno 'Gracias a Rufino' nos abrió la mente. Parecía hecho de corrido, a la pata la llana, pero no, tenía ritmo, musicalidad, gracia y un dominio del lenguaje que parecía indicar que la belleza está en el habla de las gentes, no hace falta retorcer las frases para que salga una obra de arte, solo se necesita saber componer lo que se quiere decir; y eso solo lo logra un maestro.

A la biblioteca que dirigíamos entonces llegó una donación de sus obras hecha por una admiradora. Leímos algunas páginas; nos viene a las mientes 'Razón común' y aquí descubrimos otro registro: el de investigador. Son pequeños hallazgos que nos han demostrado lo abierto que está a todas las manifestaciones de la época en la que vive. Otra muestra: en la entrevista que le hicimnos se nos ocurrió preguntarle acerca de esa frase o consigna de un miembro del Departamento de Estado norteamericano 'La Historia ha muerto'. Sobre eso, nos dijo, ya había escrito algo también. ¡Qué tío!

En fin, hemos ido descubriendo la luna poco a poco. ¡Valiente vernegía! Nos hemos perdido las enseñanzas de un personaje singular, sorprendente, valioso, incómodo para muchos... sin duda un grande de las letras y del pensamiento. Y a estas alturas de la vida, a esta parte del partido, en estos momentos, cuando ya uno ha hecho sus gustos, paladeado unos vinos... nos cuesta cambiar. ¡Qué le vamos a hacer! Y no lo vamos a hacer. Seguiremos con los pobres del mundo, con los perdedores del mundo, seguiremos admirando a Martí, Marx (si acaso reeleremos 'Apotegmas a propósito del marxismo' (a ver si por fin lo entendemos), Engels, Lenin e incluso Stalin... hasta la muerte. Después ya no admiraremos a nadie. ¿O si?